Vivamos la Pascua En Clave de Paz

Aldo Antonio Trapero Maldonado[1]

 

La Pascua nos ofrece, a los creyentes y no creyentes, una poderosa metáfora para entender y vivir el dinamismo de la construcción de paz. Esta celebración representa mucho más que un acontecimiento religioso; es un recordatorio profundo y humano de que siempre es posible transformar el dolor, el conflicto y la desesperanza en una nueva vida cargada de esperanza, justicia y reconciliación. Cambiar la perspectiva violenta por una que esté en clave de paz.

 

La construcción de paz, desde esta mirada transformativa, se apoya fundamentalmente en dos pilares esenciales: el reconocimiento y la revalorización.

 

El reconocimiento, en primer lugar, es clave en el relato de la resurrección; puesto que Jesús es reconocido por sus discípulos no solo físicamente, sino desde lo profundo del vínculo que habían construido con él. Este acto simbólico tiene implicaciones en la construcción de paz, pues implica de nosotros el aprender a mirar al otro con empatía, dignidad y humanidad, validando su existencia, sus heridas, sus historias y sus esperanzas. La paz auténtica no ignora los conflictos ni las miserias humanas, sino que las reconoce, las visibiliza y trabaja sobre ellas para convertirlas en algo nuevo y positivo. La actitud del reconocimiento implica asumir una postura activa y profunda de aceptación y validación hacia el otro. Concretamente, significa lo siguiente:

 

  • Reconocer la humanidad (dignidad) del otro: aceptar a las personas en su integridad, con sus historias, experiencias, dolores y esperanzas, entendiendo que todos somos sujetos dignos de respeto.
  • Visibilizar las causas del conflicto: implica no negar ni ocultar las injusticias o las heridas generadas, denunciar las violencias, abordarlas directa, estructural y culturalmente, reconociendo las raíces profundas de los problemas para poder trabajarlos adecuadamente.
  • Empatía activa: ponerse en el lugar del otro para comprender sus necesidades y emociones, lo que facilita procesos auténticos de reconciliación y diálogo.
  • Legitimar la diversidad en las voces: reconocer y valorar diferentes perspectivas, especialmente aquellas comúnmente silenciadas o ignoradas, como condición indispensable para construir relaciones más equitativas.

 

La revalorización, por otro lado, se hace evidente en la experiencia pascual; ay que aquello que parecía perdido, derrotado o acabado adquiere un nuevo significado lleno de valor y sentido. De igual forma, en la construcción de paz, la revalorización permite dar un sentido renovado a nuestras relaciones sociales, reconociendo que, aunque algo esté roto o fragmentado, tiene potencial para ser transformado, renovado y fortalecido. La revalorización implica resignificar, rescatar y recuperar el valor profundo de relaciones, personas y contextos previamente afectados o deteriorados por el conflicto o la violencia. Específicamente, la revalorización implica:

 

  • Resignificar el conflicto: dejar de percibir el conflicto únicamente como amenaza o fracaso, reconociéndolo más bien como una oportunidad de aprendizaje, crecimiento y cambio positivo.
  • Reconocer nuevas potencialidades: identificar y valorar las fortalezas, capacidades y capitales humanos que emergen tras superar situaciones complejas, promoviendo una visión optimista y proactiva del futuro.
  • Recuperar la dignidad de las personas involucradas: restaurar la percepción positiva de la dignidad personal y colectiva, sobre todo en comunidades o individuos afectados directamente por la violencia, discriminación o exclusión. Recordemos la frase: suave con la persona, duro con el problema de la escuela de Harvard.
  • Revalorar la relación con el otro: promover un enfoque de respeto mutuo, solidaridad y cooperación, reorientando las relaciones desde dinámicas negativas hacia interacciones más constructivas y equitativas. Hay que recordar que estamos interconectados y que la relación sí importa en nuestro desarrollo por ser intrínsecamente gregarios.
  • Reconstruir significados colectivos: a nivel comunitario, implica reconstruir y fortalecer vínculos sociales, rescatando elementos culturales, valores compartidos y memoria colectiva que permitan construir una identidad transformada desde la paz.

 

La Pascua, en definitiva, nos recuerda que ninguna situación adversa es definitiva. Desde esta convicción, construir paz implica asumir una actitud pascual en nuestras vidas cotidianas: creer profundamente en la capacidad de transformación, reconocer con humildad las heridas personales y sociales, y comprometernos decididamente a revalorizar y reconstruir nuestra convivencia desde el respeto, la justicia y la solidaridad.

 

Celebremos entonces esta Pascua con el firme propósito de ser agentes de transformación, constructores de paz capaces de reconocer al otro y revalorizar lo que nos une en comunidad. Que este tiempo nos anime a ser portadores de esperanza y protagonistas activos en la construcción de una sociedad más justa, equitativas y pacíficas desde lo cotidiano.

 

[1] Dr. Aldo Antonio Trapero Maldonado. Servidor Público, Académico, CoFundador de En Clave De Paz y Rotario comprometido con la Construcción de Paz desde un enfoque cotidiano. Redes: @aldotrap