David Uriel Vergara Muñoz (1)
En los últimos años, ha crecido el interés por profundizar en las implicaciones del concepto de paz. Ahora se sabe que no es un concepto vacío y estático que sólo implica la ausencia de conflicto, sino que, como diría Johan Galtung “la paz también debe ser vista como una variable, en términos de más o menos paz […]” (Galtung, 1998). Esta visión dinámica de paz es necesaria, especialmente para comprender sectores poblacionales como las personas de la diversidad sexual y de género que sufren más violencia, más discriminación y más marginación.
En México, el 37.3% de la población de la diversidad sexual y de género, refirió haber vivido una experiencia de discriminación (INEGI, 2022). Esto no sería posible si culturalmente no estuviéramos llenos de prejuicios y estereotipos que no solo merman la libertad y la equidad de las personas, sino que también perpetúan un ciclo de violencia y exclusión.
Aunque la paz en una de sus connotaciones se vincula con lo mental y psicológico, es importante reconocer que trasciende la individualidad. No podría ser alcanzada plenamente si no existieran las condiciones de tranquilidad y calma que solo el entorno social puede proporcionar. No hay nada peor que se te arrebate el derecho a la paz por tu forma de pensar, ser o actuar.
En una sociedad justa, la paz individual debe estar respaldada por la aceptación y el respeto hacia la diversidad. Para lograr este objetivo, las demandas adquieren mayor resonancia cuando son colectivas en lugar de individuales. La fuerza de la comunidad no solo amplifica las voces, también fortalece las demandas por la igualdad y la justicia.
Los primeros esfuerzos por la búsqueda de derechos LGBTTTQ+ se remontan al siglo XIX con Magnus Hirschfeld, un médico alemán pionero en la investigación y promoción de las personas cuyo género no coincidía con su asignación de sexo al nacer (Hirschfeld, 2022). Realizó varios intentos individuales para que sus trabajos fueran aceptados y reconocidos por la ley, pero solo tuvo éxito cuando su activismo fue colectivo y en 1897 fundó el Comité científico-humanitario, en 1919 fundó el Instituto de ciencias sexuales y en 1928 creó la Liga mundial para la reforma sexual con otros médicos e investigadores.
Magnus Hirschfeld es reconocido por muchos estudiosos como uno de los fundadores del movimiento de liberación sexual. Sin embargo, los avances en la dignificación de los derechos y la libertad de la comunidad LGBTTTQ+ se deben a todas las personas que, día a día, trabajan por el reconocimiento de su comunidad y que, año tras año, inundan las calles del mundo exigiendo la libertad de ser, amar y expresarse.
Este año, la marcha del orgullo en la Ciudad de México será el próximo 29 de junio. Aunque se sabe que aún queda un largo camino por recorrer, los avances en el respeto a la diversidad sexual son significativos. Poco a poco, las personas de la comunidad LGBTTTQ+ han logrado abrirse espacios en lugares que antes les habrían sido negados. Cada paso hacia adelante en diversos ámbitos profesionales y sociales, demuestra el poder de una comunidad unida, que ha defendido y seguirá defendiendo su derecho a vivir en paz.
(1) David Uriel Verga Muñoz. Sociólogo, asesor político y coordinador de contenidos de En Clave De Paz.
Referencias:
Galtung, J. (1998). Tras la violencia, 3R: reconstrucción, reconciliación, resolución. . Gernika Gogoratuz.
Hirschfeld, M. (2022). EL TERCER SEXO DE BERLÍN. Asociación Cultural Amistades.
INEGI. (2022). ENCUESTA NACIONAL SOBRE DISCRIMINACIÓN . México.
